viernes, 15 de agosto de 2014

UN CRIMEN SECUNDARIO

por Marcelo Birmajer (texto) y Rafael Segura (ilustraciones). Colección: La Movida. 110 págs. Ediciones Colihue, 1992.

En esta ágil novela destinada a público juvenil, Birmajer presenta una trama atrapante: el tesoro de un banco ha sido robado, y el hecho tiene muy insólitas características, ya que el móvil no fue el botín, ni los ladrones fueron delincuentes comunes. Dos adolescentes develarán este enigma, colaborando en la recuperación de algo mucho más valioso que el dinero.
Ambientada en Buenos Aires y Mendoza, la obra brinda, a partir de la inclusión de tres profesores de enseñanza media, la posibilidad de abordar otros temas aparte de los estrictamente literarios, razón por la cual la sugiero para un trabajo interdisciplinario entre Lengua, Historia y Geografía. Cada una de estas áreas aportará recursos para comprender mejor un texto aparentemente sencillo, pero con hondos significados.
Muy acertada la inclusión de historietas, a cargo de Rafael Segura, que contribuyen a crear en el lector el sentimiento de que la Literatura no es algo ajeno a sus intereses y motivaciones.

miércoles, 13 de agosto de 2014

LOS VIEJOS CUENTOS DE LA TIA MAGGIE

(Una irlandesa anida en las pampas), por Susana Dillon. Ilustración de tapa e interiores: Angel Vieyra. Río Cuarto, Córdoba, Universidad Nacional de Río Cuarto, 1997. 91 páginas.

El título del volumen que comentamos alude a cuentos traidos desde otras tierras por la tía que, afincada en la Argentina, formó un hogar con un vasco, y fue madre de cinco varones. Es a ella, a quien la autora dedica estas páginas: “Estos cuentos son un homenaje a tía Maggie, aquella irlandesa prototípica que una vez fue trasplantada a las pampas con toda la magia de sus artes domésticas y el inefable encanto de las personas dulces y simples cuyo recuerdo aroma mi infancia. (…) En su memoria reconstruyo estas leyendas de la tierra de nuestros ancestros, para que otros también tengan oportunidad de participar de la oralidad de este pueblo nuestro, tan tocado por los infortunios, pero también por la varita mágica de la fantasía”.
El libro es eso -un libro de cuentos tradicionales irlandeses precedidos por información acerca de las fuentes-, pero es mucho más, ya que los cuentos son engarzados en el relato de Susana Dillon, en el recuerdo de sus lejanos años de la niñez, una época feliz e ingenua. Esa evocación es tan interesante como los cuentos a los que acompaña. 
La tía no sólo brinda a los pequeños un rato de solaz; les enseña una forma de vida, respetando a quienes piensan de otra forma, y tienen una historia diferente. Uno de los personajes más destacados es El Eleuterio, un gaucho aindiado; a propósito del mismo, se comparan las creencias irlandesa y autóctona, destacando que tanto una como otras deben ser valoradas y transmitidas de generación en generación. “Cuando pasaron los años –afirma Dillon- y me interesé por los cultos aborígenes, comencé a profundizar esta analogía entre los duendes de la antigua Irlanda y los tinguiritas de nuestro joven país. Tía Maggie nos lo hizo notar, allá en su hogar argentino con fuertes raíces gaélicas”.
Es, en suma, un magnífico libro de cuentos para chicos y grandes, bien escrito y bellamente ilustrado, y es también una interesante historia de vida, que arroja luz acerca de la inmigración y su inserción en nuestra sociedad.

martes, 12 de agosto de 2014

EL DESAFIO

por Diego Bigongiari, Ana María Tussié, Graciela Clivaggio, Esteban Valentino, Rodolfo Romanutti y Elena Guimil. Ilustraciones: Saúlor. Buenos Aires, Sudamericana. (Pan flauta) 

Destinado a jóvenes lectores, este volumen reúne los seis cuentos distinguidos con el Premio La Nación 1999 de Literatura infantil. El jurado, compuesto por Ema Wolf, Oche Califa y Canela (Gigliola Zecchin de Duhalde), debió discernir entre mil doscientos sesenta y siete cuentos enviados por autores de habla española, argentinos y de otros países. “El éxito de la convocatoria puso en evidencia la gran cantidad y variedad de voces talentosas que se asoman hoy a la literatura para chicos”. 
Aunque parejos en su cuidada redacción, los textos galardonados son muy diferentes entre sí. Su yuxtaposición en un volumen da como resultado un libro de sorprendente calidad, fundamentalmente por su novedosa concepción del público lector. 
Diego Bigongiari evoca la vida de un marino en un lugar mítico; su experiencia, narrada poéticamente, deja una valiosa enseñanza. Ana María Tussié ha profundizado en “la naturaleza, las leyendas y el lenguaje de la Puna” para crear un texto de inusitada belleza. Graciela Clivaggio escribe sobre la ternura que puede demostrarse aún en las situaciones más inverosímiles. Esa misma ternura es, quizás, la que lleva al protagonista de Valentino a una situación no del todo merecida. Romanutti nos ofrece un cuento de aparente humor, en el que subyace la idea del aislamiento en el que se encuentra todo ser atípico. Elena Guimil, por último, evoca con visión mágica un suceso entrañable de su infancia. 
Los temas abordados serán de indudable interés para la lectura en los momentos libres, pero puede utilizarse esta colección también en los últimos años de la EGB, ya que permite estudiar la lengua y su empleo literario, al mismo tiempo que suscita el debate y llama a la reflexión. Servirá asimismo, a nuestro criterio, como disparador de vocaciones dormidas, pues demuestra que la literatura está en la vida cotidiana y todos, con mayor o menor fortuna, podemos cultivarla. 
Merece destacarse la labor de Saúlor, quien ha logrado reflejar en sus libros el espíritu, tan distinto, que subyace en cada una de las narraciones.

lunes, 11 de agosto de 2014

NO ES LA MARIPOSA NEGRA

por Marcelo Birmajer. Buenos Aires, Sudamericana, 2000. (Sudamericana joven) 

El volumen incluye siete relatos que tienen en común el período en que transcurren: la niñez. El primero de ellos es –para mí- el más conmovedor. Narra la misteriosa vinculación que existe -¿casualmente?- entre una mariposa negra y la muerte de un ser querido. Un hombre mayor recuerda lo sucedido muchos años antes, en su infancia, y esta remembranza está teñida de la nostalgia de la tercera edad. El relato brinda a Birmajer oportunidad para evocar la figura de la madre –que contenía a los hijos y a su amigo, al tiempo que les enseñaba pautas valiosas para la vida- y para describir a los chicos, solidarios con el drama del pequeño invitado. 
El paso del tiempo se advierte en el cuento referido a “Carlitos”, un personaje al que el escritor vuelve a ver veinte años después; en el relato que evoca al tío Efraín, reencontrado quince años más tarde; en el recuerdo del extraño suceso protagonizado por Ezequiel, y en las páginas referidas a la infancia en la escuela Herzl y a las vacaciones en Mar del Plata. 
Uno de los textos nos plantea las circunstancias en las que surge la creación literaria, su inexistente relación con la escritura y la reacción del ambiente literario ante una serie de descubrimientos. Tanto este cuento como los anteriores muestran a un autor talentoso que cautiva cada día a un público más vasto.

domingo, 10 de agosto de 2014

BENJAMINO

por María Teresa Andruetto. Buenos Aires, Sudamericana, 2003. (Pan Flauta) 

Destinado a pequeños lectores, el volumen los pondrá en contacto con tradiciones de otra tierra que han llegado a la Argentina, donde esta descendiente de italianos homenajea a sus mayores. Primero fue Stéfano, novela en la que Andruetto evocó a su padre. También cantó a sus ancestros en los libros Kodak y Pavese y otros poemas; ahora, es la abuela gringa la que aparece en las páginas de la escritora. 
Del Piamonte vino la abuela de María Teresa Andruetto, quien contaba a sus nietas los relatos reunidos en Benjamino. La autora dedica este libro, en el que reescribe dos cuentos tradicionales, “a la nonna Felicitas”, acerca de quien expresa: “Mi abuela Felicitas, la mamá de mi mamá, fue colchonera, en el tiempo en que los colchones eran de lana, se apelmazaban y debían desarmarse y rehacerse cada tanto. De ella recuerdo casi todo, porque la tuve hasta que fui grande: su casa de Arroyo Cabral, donde nací, el piso fresco de ladrillos de esa casa, las máquinas de tisar lana, sus amigas hablando en una lengua desconocida para mí".

sábado, 9 de agosto de 2014

UN BANDONEON VIVO

por Oche Califa. Ilustraciones: O’Kif. Buenos Aires, Sudamericana. 2002. 

El volumen que nos ocupa está destinado a lectores a partir de los once años. En él se incluyen dos relatos que tienen como escenario la Argentina de los años 40. Afirma Califa: “tanto los sucesos como los protagonistas han sido inventados. Sin embargo, hay una parte de verdad en ellas, debido a que el ambiente, las costumbres y las formas de pensar, hablar y actuar de los personajes se ajustan a la realidad de esos años. Doy fe de ello porque el pasado inmediato sobrevive en el presente, y yo siempre le he prestado atención”. 
El primero de los relatos, “Historia con tango y misterio”, surgió a partir de una inquietud del ilustrador, que un día se encontró dibujando el patio de la casa de su abuela, en Rosario: eso le trajo “bellísimos recuerdos y cierta nostalgia”. Entonces le dijo a su amigo Oche Califa que escribiera un cuento con tango, y así fue creado “Un bandoneón vivo”, la historia de un chico que escucha a un hombre tocar ese instrumento en el fondo de su casa, y comienza a imitarlo utilizando un cajón de manzanas. El vecino, al irse de viaje, le facilita el bandoneón por unos días, y el niño advierte, estupefacto, que del bandoneón brotan viejas historias que se habían olvidado o se deseaba ocultar.

lunes, 4 de agosto de 2014

CUENTOS DE MARAVILLAS

por Graciela Montes. Ilustraciones: Alberto Pez. Buenos Aires, Primera Sudamericana, 2004. 64 páginas. (Cuentamérica). 

En la obra que comentamos, dedicada a la memoria de Boris Spivacow y destinada a lectores a partir de los nueve años, la escritora reúne cinco cuentos que algunos de esos inmigrantes trajeron de sus tierras natales, cuentos que fueron modificados en nuestro país, ya que en ellos entraron elementos de la tierra de adopción, como ciertos paisajes, alimentos o modismos. 
Son estos textos los titulados "El pozo de la alegría", que "pertenece a la familia de los cuentos en los que el héroe tiene que buscar un tesoro en el infierno"; "Los siete pares de zapatos rotos", que se cuenta tanto en Chile como en la Argentina; "El viborón del río", "otra manera de contar La Bella y la Bestia"; "La ranita encantada", "un cuento muy famoso, tanto en Europa como en América", y "La muchacha de la estrella", que "está emparentado –y mucho- con el cuento de la Cenicienta". 
Acerca de la procedencia de los mismos, señala: "Para todas estas narraciones he consultado el libro de Berta Vidal de Battini, Cuentos y leyendas populares de la Argentina, editado en Buenos Aires por Ediciones Culturales Argentinas. La autora, a su vez, recopiló, ordenó y comentó las decenas de miles de versiones que fueron recogiendo, de la boca misma de los narradores orales, los maestros de todo el país". Pero además, Montes ha contado con el aporte de un puntano y una neuquina, que le relataron dos de los cuentos. 
"Los cuentos de maravillas se parecen a los sueños –escribe Montes-. Son exagerados y un poco extraños. En los cuentos de maravillas suele haber monstruos, enanos, viajes imposibles, personas que se transforman en animales, animales que se transforman en personas, tesoros, talismanes y puertas a otros mundos. Y en el medio de todo eso, el héroe, la heroína. Los cuentos de este libro vinieron desde Europa en el morral de un viajero. Pero parece que al llegar se encariñaron con el país. Entonces se calzaron las alpargatas, se metieron en el fogón de los peones y, abracadabra, ¡se volvieron criollos!" 

domingo, 3 de agosto de 2014

CUENTAN EN LA PATAGONIA

por Nelvy Bustamante. Ilustraciones: Lucas Nine. Buenos Aires, Sudamericana, 2005. 64 pp. (Cuentamérica). 

Tradiciones e historia se funden en este libro de Nelvy Bustamante. Destinado a lectores a partir de los diez años, reúne siete relatos en los que se honra al indígena y en los que se homenajea la gesta de los galeses que cruzaron el mar para asentarse en Chubut. 
En “El reforó”, recreación de un relato de Pedro Curruhuinca, se narran las andanzas de un esqueleto, que siempre quiere participar en lo que hacen los demás. “El cuero del agua”, escrito a partir de una leyenda de Antonio Milhué, se refiere a lo sucedido a un joven tehuelche que desapareció en una laguna; “El repetido lamento de su gente llamándolo habría dado lugar al topónimo Esquel”. En “El hombre sin sombra”, recreación de un relato del cacique Abel Kurüuinka, Don Albarino se interna por un camino y ve algo fuera de lo normal. Lo que le sucede lo apartará del resto de su comunidad. "Rachel” evoca las penurias de los galeses en sus primeros tiempos en la nueva tierra. Cuando todo parece perdido, una idea de la mujer hace que la situación se revierta. “El trueque”, narrado a partir del cuento “Kaliats”, de Huberto Cuevas Acevedo habla acerca de la bonhomía del indio que cambia su caballo por un reloj y, al ser sospechado de robar el animal, lo busca hasta restituírselo al dueño. “Una nota para el Hen Wlad” se titula este cuento basado en un relato que forma parte de las memorias de John Daniel Evans; en él se denuncia la crueldad de algunos hombres blancos para con los indígenas, y el inmenso dolor de un galés que encuentra prisionero a su amigo tehuelche: “John se arrimó a su amigo. Le dio el pan y los alimentos que tenía, y apretando sus manos cuarteadas a través del alambre, se despidió prometiéndole que volvería a buscarlo”. Cuando el galés vuelve, el indio ha fallecido. “Malacara” relata la historia del caballo que salvó al galés Evans, caballo que vuelve como fantasma para salvar a un descendiente del hombre. 
Interesantes por su contenido y por el lenguaje con que están escritos, estos libros sirven tanto para la lectura individual cuanto para el estudio en el aula. En el trabajo con el docente, se podrá analizar el libro desde el punto de vista literario, histórico, geográfico y con respecto a los valores que se deben transmitir. Completa el volumen información acerca de los galeses, su historia y costumbres, y los textos que sirvieron como punto de partida para los relatos creados por Nelvy Bustamante.

sábado, 2 de agosto de 2014

LA ULTIMA REBELIÓN y otros cuentos de nuestra historia

por Germán Cáceres, Enrique Melantoni, Laura Avila, Mario Méndez, Olga Appiani, Graciela Repún y Marcela Silvestro, Lucía Laragione y Emilio Saad. Ilustraciones de Graciela Sennes. Buenos Aires, Amauta, 2006. 112 pp. (Narrativa infantil argentina)

La historia argentina ha sido siempre fuente inagotable de obras artísticas. En esta oportunidad, se trata de cuentos en los que nueve escritores acercan al público infantil momentos de nuestro pasado tomados como marco para una ficción en la que tienen gran incidencia los personajes de corta edad. Son estos chicos quienes, con su visión de la situación, involucran al lector en la trama, pues le presentan la historia como algo vívido, que puede tenerlo como protagonista. 
Algunos de los cuentos están ubicados en el siglo XIX; otros, por el contrario, se remontan desde el presente hacia ese siglo que vio nacer a la Argentina. Los personajes son los criollos, indios y morenos, y cada autor los dotará a su manera de vida y calidez. 
Germán Cáceres escribe “La última rebelión”, un relato pleno de emotividad protagonizado por un niño y una niña pertenecientes a la tribu quilmes; ellos, en el siglo XVII, encaran con valentía una situación heroica. Enrique Melantoni es el autor de “Historia chica de fantasmas”, texto en el que el juego de la escondida es el punto de partida para una experiencia fascinante, que tiene que ver con la Segunda Invasión Inglesa. En “Virginia y la salamanca”, Laura Avila se refiere a la educación que se daba a las niñas en los años de la Revolución de Mayo, y a la intención de Manuel Belgrano de cambiar esa realidad discriminatoria. En “Recuerdo de familia (Historia a muchas voces)”, Olga Appiani, Graciela Repún y Marcela Silvestro escriben una narración acerca de una familia durante el éxodo jujeño, en la que se evidencian las crueles diferencias que había entre habitantes de una misma región. En “Falucho”, Mario Méndez relata, a partir de una anécdota que transcurre en 1975, lo sucedido al soldado que se negó a honrar la bandera española. En “El hombre de la cara partida”, Lucía Laragione evoca la vida de Santiago Avendaño quien, después de permanecer siete años entre los aborígenes, vuelve con los suyos, gracias a la generosidad de Baigorria. Emilio Saad, por último, es el autor de “El ovillo del destino”, relato en el que un fantasmal Tamborcito de Tacuarí es el eje alrededor del cual giran los sucesos que tienen como personajes a criollos y un inmigrante, evidenciando la transformación de la sociedad de nuestro país en la década de 1860. 
"Todos estamos formados por múltiples historias –afirma Jorge Grubissich, en el Prólogo-. Lo mismo pasa con nuestro país, que es la suma de historias grandiosas, de pequeñas historias, de historias felices y de otras que quizás preferiríamos no recordar, aunque debamos hacerlo. Por estas razones Amauta presenta este nuevo libro, en el que la historia abandona su habitual pedestal para tornarse posible, y de ese modo pertenecerle mejor a cada uno de los lectores, protagonistas del presente y del futuro, esos dos misterios donde, además, como un abuelo venerable, habita el pasado". 
Un pasado que interesará a lectores a partir de los nueve o diez años, y que es recreado talentosamente por estas conocidas personalidades de la literatura infantil.

viernes, 1 de agosto de 2014

Acerca de este blog


En este blog se publicarán los trabajos realizados por estudiantes acerca de la diversidad cultural, la inmigración y el exilio.
Incluirá asimismo muchos de los textos que trabajamos en clase y biografías de quienes, proviniendo de otros países, se destacaron en la cultura argentina.
Incluiremos, además, el diccionario que estamos creando entre todos, para conocer y difundir los nuevos términos que utilizan los adolescentes.
Esperamos que les interese esta iniciativa y los invitamos a sumar sus aportes.
Bienvenidos!!!

jueves, 2 de enero de 2014

Dos viejos incorregibles

Fritz Lüthi tomó su bastón, salió a la galería de su casita, bajó los seis escalones de la vieja escalera de madera y salió a caminar. Con sus casi 84 años, aún se movía mejor que muchos cuarentones o cincuentones. Fritz cruzó el patio y tomó la senda entre el yerbal y el maizal. A los pocos minutos había recorrido los 800 metros que separaban su casa de la de Timbó, un amigo de toda la vida. Timbó era nieto de un Mburuvicha mbya. Se enojaba cuando alguien empleaba el término “cacique”. 
–Eso no es guaraní –replicaba con vehemencia–; ese nombre trajeron los blancos desde la Antillas. Allí los jefes de los taínos se llamaban “caciques”, pero para nosotros es un nombre extraño. No quiero que digan que mi abuelo era “cacique”. Era Mburuvicha y listo. 
Correcto. España impuso ese nombre raro con una cédula del 26 de febrero de 1538, desconociendo todas las demás designaciones propias de líderes del mundo indígena americano. 
El papá de Fritz, Guillermo, había arribado a Misiones en 1928 desde Suiza con su joven esposa Lidia, instalándose en un lote de la colonia Santo Pipó fundada en 1924 por el suizo Eugenio Lagier. Guillermo era agrimensor, pero en Santo Pipó no tuvo aplicación para su profesión y así se dedicó a lo que prometía mucho por esos años: el oro verde, la yerba mate. El mismo año de su llegada a Misiones, algunos colonos comenzaron con otro cultivo más que con el correr de los años iba a convertirse en otro oro, esta vez negro: el tung. Guillermo se embarcó en ambos cultivos, y le fue muy bien. Cuando se instaló la primera fábrica de aceite de tung de Misiones, comenzó a trabajar como asesor del establecimiento. 
En 1930, nació Fritz. Desde pequeño, era un enamorado de la naturaleza. Le interesaban las orquídeas, las lianas, el güembé, los caracoles, las hormigas, los tucanes; y, para horror de sus padres, también las víboras y arañas. Sobre todo le encantaban la mboichumbé, la serpiente coral, por sus vistosos colores. Les costó mucho a Guillermo y su esposa Lidia convencer a Fritz que jamás debía tocar a una víbora, del color y tamaño que fuere. 
Fritz y Timbó se conocieron de casualidad hacía más de siete décadas y media. Fritz tenía unos seis o siete años cuando un domingo de tarde fue al Paraná a pescar. Era la diversión habitual de todos los niños de su edad. Sabía nadar muy bien, y los padres no tenían nada que temer. Pero en un descuido el nene se resbaló y cayó al río. Su camisa quedó enganchada en un gajo de un tronco caído y lo sujetaba bajo el agua, y Fritz se habría ahogado si en ese momento no hubiera pasado otro niño justo por ese lugar. 
Era un nene mbya que estaba yendo a pescar en la cercanía. Escuchó el grito de Fritz, el impacto del cuerpito en el agua y luego el gorgoteo de las burbujas de aire que largaba el blanquito. El mbya soltó la bolsita que llevaba en la mano, se tiró al río y no tuvo que buscar mucho para encontrar al accidentado. De un tirón lo arrancó del gajo traicionero, y los dos volvieron a la costa. El niño mbya no hablaba castellano, Fritz tampoco, sino solo dialecto suizo-alemán; pero de inmediato estalló la llama del compañerismo entre los dos. Fritz tomó a su salvador de la mano y le hizo seña de ir a su casa. Así aparecieron ambos en el hogar de Lidia y Guillermo, que tuvieron que oficiar de traductores luego de que su hijo les contara lo ocurrido. Guillermo acompañó luego al héroe a su casita, cargado con una maleta con harina, una lata de grasa y un hermoso cuchillo de caza. El papá mbya entendía castellano, y ahí se entabló una relación interesante entre los representantes de dos culturas totalmente diferentes. Poco a poco, los dos niños aprendieron a comunicarse entre ellos con señas, fragmentos de mbya guaraní, un poco de suizo-alemán y otro tanto de castellano, que Fritz aprendió en la escuela a la que asistía. A su amigo le decían simplemente Timbó. Debía tener algún nombre personal guaraní, pues timbó era un árbol; pero Fritz no se animaba a preguntarle por qué lo llamaban así. Por aquellos años, los registros civiles del país no abarcaban a los miembros de los pueblos originarios, y muchas criaturas crecían sin fecha de nacimiento y sin nombres y apellidos registrados. 
Los vecinos de la familia Lüthi veían con cierta sospecha esa amistad entre el hijo de un suizo y un mbya. A Guillermo y los suyos no les importaba absolutamente nada lo que opinaban sus compueblanos.
Guillermo sostenía una ideología liberal, y para él todas las personas, etnias y culturas tenían el mismo valor. Cuando en cierta ocasión un francés le preguntó por qué permitía que su hijo se criara con un indio, le dijo en la cara que en la Argentina no había lugar para racistas, y que sería mejor que se volviera a Francia. 
A los pocos años, Guillermo se mudó al Paraguay, enviado por la fábrica de aceite de tung para explorar las posibilidades de expansión de este cultivo en el país vecino. En Obligado, una apacible colonia agrícola del sur del Paraguay, Fritz aprendió rápidamente el idioma guaraní, lengua popular de la población paraguaya que también aprendían los inmigrantes. A los cuatro años, la familia volvió a su chacra de Puerto Rico. Los mbya se habían mudado mientras tanto a algún lugar desconocido de Misiones. Así pasaron varios años, y Fritz llegó a formar su propia familia. 
Cierto día Fritz estaba esperando el colectivo a Puerto Rico en la terminal de Posadas; y grande fue su sorpresa cuando vio a una pareja mbya cuyo integrante masculino le parecía por demás conocido. Se animó a preguntarle en guaraní paraguayo si era Timbó, y este a su vez reconoció a su amigo de infancia. Timbó vivía con su esposa Ana y sus hijos en un lugar llamado Ka’aguy Porâ, sobre el Río Iguazú. Convinieron encontrarse el primer fin de semana próximo en la terminal de Puerto Iguazú. Así lo hicieron, y cultivaron su amistad durante varios años con visitas periódicas. 
Fritz se mudó con su familia a Ruiz de Montoya, donde participó activamente con los suyos en la vida de la Iglesia Evangélica Suiza. 
En algún momento allá por el año 1980 o 1981, Timbó le contó que próximamente todo su grupo se mudaría a las cercanías de esa localidad. 
–Ahora podemos visitarnos más a menudo –exclamó con alegría Fritz–. Ya no tenemos que viajar tanto. 
Así fue. Las dos familias se visitaban mutuamente; y mientras la esposa de Fritz conversaba en castellano con Ana, los dos hombres se comunicaban a su manera en guaraní, Fritz, en su guaraní paraguayo; Timbó, en su variante mbya. 
Con el correr de los años, las dos familias vieron la llegada de sus nietos y bisnietos. 
Pasaron los años. La aldea mbya Takuapí recibió una escuela bilingüe, a la que en 2009 se le otorgó un importante premio nacional por sus esfuerzos vinculados con la enseñanza bilingüe y el rescate del idioma mbya. 
Timbó y Fritz se llenaron de años. Como tantas personas de edad, comenzaron a sentir que ya no entendían muchas de las cosas que pasaban en el país y en el mundo. Dado que sostenían con firmeza ciertas opiniones que gente más joven consideraba “pasadas de moda”, los comenzaron a llamar “viejos incorregibles”. 
Era el primero de enero de 2014 cuando Fritz tomó su bastón y caminó derechito a la casa de Timbó. Llevaba consigo un celular cargado con fotos de fuegos artificiales que su bisnieto había hecho en los primeros minutos del nuevo año desde una terraza de un edificio alto en Buenos Aires. El bisnieto, fanático de la fotografía y de toda la tecnología moderna, envió las tomas directamente al celular de su bisabuelo. 
–Mirá, Timbó, quiero mostrarte algo –le dijo a su amigo de infancia luego del habitual saludo de Año Nuevo–. Mi bisnieto sacó fotos de fuegos artificiales, y también te quiero contar lo que escuché hoy en las noticias. 
Timbó preparó un fresco tereré, y los dos viejos se sentaron en un banquito de madera a la sombra de un gigantesco árbol delante de la casita de Timbó. 
Fritz sacó su celular y comenzó a mostrarle las fotos a su amigo. Este nunca había visto fuegos artificiales, aunque sus nietos le habían contado sobre este invento antiquísimo. Pero Fritz tampoco había visto esos espectáculos que iluminan el cielo nocturno, lo llenan de luces de colores y luego desaparecen sin dejar más rastros que un poco de humo, ceniza y algún cartucho quemado. 
Timbó miraba con mucha atención las fotos. De tanto en tanto, preguntaba algo sobre esos espectáculos, cómo se originaban los colores; por qué unos parecían flores de fuego y otros, palmeras; por qué algunas llamas eran tan largas y por qué había algunos fogonazos como pelotas de brasa. Fritz prácticamente no tenía ninguna respuesta para las preguntas de su amigo. 
–Me parece que estos fuegos solo sirven para hacernos olvidar las cosas importantes – constató Timbó con su sabiduría ancestral–.
Nos muestran cositas de colores, como dicen que hicieron los conquistadores cuando llegaron a este continente, según cuenta mi nieto. Y después se llevaron el oro y la plata. 
–Cuando el último cohete ya no sea nada más que un recuerdo olvidado, todo seguirá igual o peor –constató Fritz–. Un poco de fiesta para algunos; y muchos problemas, dificultades y tragedias para la gran mayoría. 
–Anoche gastaron millones de pesos en Buenos Aires y en otros lugares del país, quemando literalmente la plata –constató Fritz–. No sé cómo pueden hacer eso. 
Los fuegos de artificio siempre han cautivado a las masas humanas. Su llamativo esplendor policromo encanta a pequeños y grandes; sus dibujos fascinantes hechizan a sus adictos y también a los que dicen que no lo son. 
–Sí, así es –dijo Timbó, devolviéndole el celular a Fritz–. ¿Para qué sirve todo eso? 
–Para ser sincero, no lo sé –confesó Fritz–.
Dicen que esa costumbre de hacer mucho ruido viene de antes, cuando la gente creía que así podía espantar a los malos espíritus. 
–Me parece que los malos espíritus no se van con el bochinche, sino que les gusta eso. 
–Pero tengo que contarte algo más –prosiguió Fritz–. Dijeron que varios países hicieron competencias para ver quién hacía el espectáculo más llamativo con estos fuegos artificiales. 
–¿Y el premio?
–Figurar en el libro Guinness de los récords. 
–¿Qué es eso? Nunca escuché hablar de ese libro.
–Yo no lo conozco –reconoció Fritz–. Mi nieto me contó que es un libro en el que cada año registran los récords de carreras, altura, velocidad, tamaño, cantidad, rapidez y no sé cuántas cosas más. Lo hacen en los Estados Unidos. 
–Ah –fue lo único que dijo Timbó; para agregar secamente–: Hacen tantas pavadas allí. 
–Sí, así es –afirmó Fritz–. A mí me cansa ver televisión; pero nuestro vecino se pasó el día entero viendo cómo reventaban cohetes en Australia, Dubái, Berlín, Río de Janeiro y Nueva York. ¡Qué gastadero de plata! 
–Así es –ratificó Timbó–. Pregunto yo: ¿Quién pagó esas competencias de los países para entrar al libro de los más rápidos y altos? 
–Los gobiernos, me imagino. Eso cuesta millones y millones, y ningún particular pagará algo así. 
–Los gobiernos no producen plata –retrucó Timbó–. Solo la gastan. Lo paga el pueblo con sus impuestos, para que después los políticos muestren algún espectáculo haciéndole creer a la gente que son generosos. ¡Mentirosos, todos juntos! 
Una docta constatación de uno de los dos incorregibles. El otro incorregible estaba totalmente de acuerdo. Coincidían. Uno, por pobre; el otro, por suizo; uno, por humilde; el otro, por ahorrativo; uno, porque llevaba una vida sencilla; el otro, porque odiaba el derroche. Ambos, por sabios. 
–Pregunto yo –dijo de repente Timbó–: ¿Por qué no se le ocurrió a ninguno de esos gobernantes hacer una competencia para ver quién soluciona más rápidamente el problema del hambre, la salud, la educación y la violencia en su país? 
Fritz tragó en seco. Era cierto, demasiado cierto. Políticos y funcionarios, haciendo competencias estúpidas y totalmente inútiles, pasando vacaciones en lugares carísimos y derrochando la plata del pueblo; mientras que Juana y Juan Pueblo seguían con hambre, enfermedades, ignorancia, inseguridad, cortes de luz, caos en el tránsito, calles cortadas, asaltos, secuestros, narcotización de franjas enteras del país… 
El sol comenzaba a besar el horizonte. En un arranque de melodía visual, Timbó dijo: –¡Mirá los colores con los que Tupâ está pintando el cielo! 
Era cierto. Amarillo, naranja, rojo, bermellón, blanco, rosado y matizado; y como contraste, el saturado marrón y negro de unos árboles a contraluz. 
–Hay una flor que se parece a un gusano anaranjado con pelos largos –dijo Fritz–. No sé cómo se llama, pero me parece más llamativa que esos trazos finos de fuego en el cielo que en seguida se borran.
–Es una enredadera –indicó Timbó–. Pero no recuerdo su nombre. Me estoy poniendo viejo. 
–¡Cuántas bellezas hay en el monte!
Realmente, impresionante. 
–En el monte, en el cielo, en el agua, en los ojos, al lado del camino, en una hoja, en una flor, en un pájaro, en la yerba, en las estrellas… desde chico recorro el monte, y siempre descubro algo nuevo. 
Se produjo un profundo silencio. Ambos incorregibles, que sin rechazar las cosas útiles que les ofrecía la vida actual, consideraban que una persona vivía mejor si no se volvía adicta a tantas cosas, comenzaron a recorrer mentalmente el universo que la vida había formado en ellos. De tanto en tanto y matizado por silencios llenos de comprensión, uno aducía una belleza especial, y luego le tocaba el turno al otro. 
Sin competir entre ellos, pues para eso eran demasiado humanos e inteligentes, cada cual sacaba alguna preciosidad de su cofre de tesoros, se la exhibía a su amigo, que a su vez la admiraba y ponderaba para luego presentar algo de su cosecha propia. Ya ni importaba quién decía qué cosa, pues ambos concordaban en todo. El vaivén era casi interminable. 
Un silencio cómplice se extendió entre los dos viejos frente a la casita de Timbó.
Años de experiencia les habían enseñado a ambos que se podía vivir bien también de manera sencilla, o vivir bien sencillo, como siempre uno lo quiera formular. 
Estaban contentos con la vida, pues les había dado familia, trabajo, pan, un hogar, respeto, aprecio, fe, esperanza, amor.
Claro, ahí estaban también aquellos criticones que los consideraban “viejos incorregibles”, pero allá ellos. Los dos viejos se regocijaban imaginándose que los burlones ni remotamente estaban tan contentos con su vida como ellos. 
–¡Qué impresionante es la flor de mburucuyá! No hay adorno más hermoso y perfecto que esa pequeña maravilla. 
–¡O la belleza de una hoja de güembé! Me parece que cuando Dios creó esa hoja, tenía mucho tiempo y se puso a jugar con una tijera para hacerle tantos recortes. 
–Si eso lo escucha algún profesor, nos corre con un garrote; pero, ¡decime si no es cierto! 
–Así es, y cada hoja es diferente. Parece que Tupâ tenía muchas tijeras para hacer tantas formas distintas. 
–Hace años, mi hijo encontró un lirio en la costa del Cuñapirú, sacó cuidadosamente la planta y la trajo a casa. Mi señora la plantó en una maceta, y el lirio florece años tras año, alegrándonos con su blancura y sus dibujos violáceos y marrones. Esa belleza no la podría lograr ningún pintor. 
Recorrieron la flor del irupé y las orquídeas; y luego le tocó el turno a las mariposas, las aves multicolores, el cielo estrellado, las nubes del amanecer, la palidez de la luna, la mirada de los nietos y muchas bellezas más. 
Timbó se había guardado un golpe de efecto muy especial como para cerrar su paseo por las bellezas de la creación. 
–¡Y qué decir del tajy, el árbol más lindo de nuestra selva después del timbó! 
–¿Cómo podríamos hacer para decirle a toda la gente que con solo abrir los ojos y prestar atención verá la infinita belleza que el Creador colocó en la naturaleza? Allí hay más formas y colores que en todos los fuegos de artificio del mundo. 
–No lo sé –dijo lacónicamente Timbó–. Y por más que se lo dijéramos, no nos van a escuchar. Nos tomarán por locos. 
–Sí, ya lo sé. Por algo nos dicen “viejos incorregibles”. No los vamos a cambiar. 
–Pregunto yo –dijo Timbó–: ¿Para qué la gente necesita tanto lujo, por qué derrocha tanto, por qué no le alcanza con todo lo que tiene? 
Ya era tarde cuando Fritz se despidió de su amigo.
Tomó su bastón y caminó rumbo a su casa. De lejos, veía la torre de su iglesia y al lado la delicada filigrana de las hojas de las aristocráticas palmeras.
“Mis plantas preferidas”, murmuró Fritz. “Son las más elegantes. Ningún fuego artificial se puede comparar con ellas”. 
Dos viejos incorregibles habían intercambiado una vez más experiencias y lecciones de buen vivir, de inmensa admiración por la creación, de sencillez y de profunda sabiduría. Lástima que tan pocos estaban dispuestos a aprender de ellos. 

Prof. Dr. René Krüger
Instituto Universitario ISEDET
(Aut. Prov. Decr. PEN Nº 1340/2001)
Camacuá 282
C1406DOF Buenos Aires
ARGENTINA
Tel ISEDET  + 54-11-4632 5030
Fax 
ISEDET
 + 54-11-4633 2825renekruger@isedet.edu.ar
renekruger@infovia.com.ar
www.isedet.edu.ar

martes, 24 de septiembre de 2013

JETTATORE

(Cuidado con él…), de Gregorio de Laferrère


Sinopsis

Un clásico de la dramaturgia argentina, cuyo tema principal es la "yeta", es decir, la mala suerte. El protagonista es Don Lucas Rodríguez, "Jettatore", que nunca imaginó que el día en el que decidió cambiar su vida por el amor que sentía hacia Lucía, se vería involucrado en una situación límite, en extremo grotesca, y de la cual le resultará muy difícil salir.

Ficha técnica:

Actúan: Gloria Piñero, Lisandro Ramos Calandri, María Victoria Vitta, Gabriel Rocca, José Luis Santa Cruz.

Diseño escenográfico: Ariel Suárez

Realización escenográfica: Analia Guevara, Andrea Vrankovich

Vestuario y maquillaje: Lía Rosin

Diseño gráfico: Lisandro Ramos Calandri

Fotos y tráiler: Natalia Operto

Diseño de luces y operación técnica: Natalia Operto y Federico Fernández Moreno.

Producción artística de banda sonora: Manuel Santa María Piazza.

Dramaturgia y dirección: Walter Operto

Duración del espectáculo: 65 minutos.

Funciones: Domingos 20 hs.

C C La Nave, San Lorenzo 1383.

Reservas con descuento a cclanave@gmail.com o mensajes al 153 650 802 – 153 650 928.

-- 
Centro Cultural La Nave, San Lorenzo 1383, Rosario, Argentina

jueves, 12 de septiembre de 2013

ESTO ES TAN SOLO LA MITAD / DE TODO AQUELLO QUE ME CONTASTE

ESTO ES TAN SOLO LA MITAD…Sábados 23.00 hs.
Sábados 23.59 hs. …DE TODO AQUELLO QUE ME CONTASTE
De Pablo Bellocchio

Espacio Polonia (Fitz Roy 1477)

Entrada: Una obra $50. Las dos obras $70

DOS OBRAS, UNA HISTORIA
En cada cuarto una familia. En cada cuarto una obra.

ESTO ES TAN SOLO LA MITAD
En el velorio de Piero Lascia hay dos familias velándolo: Los otros, los 
de San Juan, fueron confinados al otro cuarto. Ellos, los de Buenos Aires, 
deben oficiar de anfitriones.
Conocen solo pedazos de la historia de su padre; solo pedazos de su propia 
historia.
Esto es tan solo la mitad. Todo aquello que no saben sucede a pocos 
metros. En otro cuarto. En otra obra.
SÁBADOS 23HS – TEATRO POLONIA – FITZ ROY 1477 C.A.B.A.

DE TODO AQUELLO QUE ME CONTASTE
En el velorio de Piero Lascia hay dos familias velándolo: Los otros, los 
de Buenos Aires son los dueños de casa. Ellos, los de San Juan son solamente 
“las visitas”.
Conocen solo pedazos de la historia de su padre; solo pedazos de su propia 
historia.
De todo aquello que les contaron, falta una mitad. Una mitad que está a 
pocos metros. En otro cuarto.En otra obra.
SÁBADOS 23.59HS – TEATRO POLONIA – FITZ ROY 1477 C.A.B.A.

Ficha Técnica
Actores: Estefanía Revas, Gimena Romano Larroca, Juan Tupac Soler, Nicolás 
Salischiker, Jorge Gentile, Jimena López, Rodrigo Bianco y Verónica D'Amore.
Música en vivo: Guille Olguín
Diseño Gráfico: Rodrigo Bianco
Fotografía: Pía Leavy
Prensa y Difusión: Tehagolaprensa
Asistencia de Dirección: Malena López
Dramaturgia y Dirección: Pablo Bellocchio
Facebook: /Los Lascia
Twitter: @loslascia

Notas y acreditaciones:
TEHAGOLAPRENSA

viernes, 6 de septiembre de 2013

UNIONE BENEVOLENZA

Punto Caramelo presenta la obra ganadora de la 
convocatoria a proyectos teatrales 2012 Teatro Payró

FUNCION DE PRENSA: VIERNES 6 DE SEPTIEMBRE 21.30 HS

Funciones: Viernes 21.30 hs.
Teatro Payró: San Martín 766
RESERVAS www.teatropayro.com.ar
Localidades $70 – Estudiantes y jubilados $35
Dramaturgia y Dirección: Natalia Paganini
Actúan: Miguel Ángel Vigna, Mariana Paganini, Florencia Orce, Romina Malatesta


Grotesco sobre las ruinas que dejó la década del 90 en nuestro país. En Unione Benevolenza, “nada se tira, todo se congela”. Todos esconden la mugre debajo de la alfombra, todos patean la pelota. 
El tiempo se detiene y la vida también. La monotonía se vuelve absurda y clausura el futuro, dejando un presente en el que sólo habitan fantasmas.

TRAILER DE LA OBRA: http://www.youtube.com/watch?v=sFA5z6vKW4U

Una carnicería de barrio, escenario otrora de una pujante actividad, es el ámbito en el que transcurre este drama. Los integrantes de una familia, unidos por un sórdido secreto, hacen frente como pueden a los embates del progreso, y a las secuelas de las crisis económicas de la Argentina.
Creíbles, queribles, los seres de ficción nos hablan de un pasado que ya fue, y de un futuro en el que no saben (no quieren?) insertarse, viviendo siempre a la sombra de la fotografía del italiano fundador del comercio.
La llegada de la hermana actúa como un disparador de la violencia, a partir de la inmensa ofensa de la que los hace víctima. Silencioso, inexorable, se acerca un desenlace que es una metáfora y una enseñanza.
Todo ello en la piel de jóvenes actores, que le ponen el cuerpo a un texto impecable.

sábado, 10 de agosto de 2013

Mustafá


de Armando Discépolo, 
los domingos a las 19hs 
en el teatro Espacio Abierto, 
Pje Carabelas 255.

Conocí AracaGrup Compañia Teatral cuando estrenaron en el IFT El petiso orejudo, obra acerca de Santos Godino. En esa oportunidad valoré el intenso trabajo actoral y de dirección que permitió a estos jóvenes presentarse en una sala emblemática*. Ahora, es la puesta del sainete de Armando Discépolo y Rafael José de Rosa estrenado en 1921, la que los hace merecedores de los más altos elogios de crítica y público.
En Mustafá se evoca el conventillo, sus amores y desamores, sus peleas y traiciones. Aunque, conversando con el turco que da título a la pieza, un personaje sostiene que es amistoso el clima de la comunidad: “E lo lindo ese que en medio de esto batifondo nel conventillo todo ese armonía, todo se entiéndano: ruso co japonese; francese con tedesco; italiano co africano; gallego co marrueco. ¿A qué parte del mondo se entiéndono como acá: catalane co españole, andaluce co madrileño, napoletano co genovese, romañolo co calabrese? A nenguna parte. Este e no paraíso. Ese ne jauja. ¡Ne queremo todo!”.
Así, con este lenguaje deliciosamente inmigrante, ilustran acerca de una época de nuestro país y de sentimientos que perduran. Ayer como hoy, existieron la mentira, la nostalgia, la desgracia, y el destino que hace que todo se resuelva en forma inesperada.
Felicitaciones a los actores, a su Directora, Basia Fiedorowicz, y al Coordinador Artístico, Adrián Cardoso -quien encarna al mismo tiempo al turco -, por su denodado esfuerzo, por su voluntad de acercar a las nuevas generaciones personajes y textos que seguramente no conocen, y que se les hacen atractivos en la voz y la magia de este grupo destinado a cosechar triunfos.