miércoles, 3 de junio de 2015

NI UNA MENOS


¡Ni una menos queremos poblando nuestro suelo!
¡Ni una más sucumbiendo, bajo de la ignominia
del cobarde agresor!

Ni una menos bregando por realizar sus sueños.
¡Ni una más, sin justicia, en manos del terror!

Ni una menos brindando caricias a sus hijos
Ni una más… soportando estigmas de dolor.

Ni una menos, sembrando la paz y la ternura.
Ni una más, maltratada y con ojos de horror.

¡Unidas las mujeres, junto a los hombres dignos,
breguemos por un mundo donde impere el amor!

Donde se yerga augusta la imagen de justicia...
Donde no haya atenuantes, para el crimen feroz.

¡Ni una menos, a causa, del atroz femicidio!...
Ni una más bajo el yugo del sádico opresor.

¡Pues por cada mujer maltratada que exista
somos miles, que estamos gritando a viva voz!...

¡Ni una menos queremos en la faz de la tierra!
¡Ni una más sucumbiendo, bajo de la ignominia
del cobarde agresor!!!

Ana María Sanchis

lunes, 1 de junio de 2015

YO NO TENGO LA CULPA

Roberto Arlt

Yo siempre que me ocupo de cartas de lectores, suelo admitir que se me hacen algunos elogios. Pues bien, hoy he recibido una carta en la que no se me elogia. Su autora, que debe ser una respetable anciana, me dice: 
"Usted era muy pibe cuando yo conocía a sus padres, y ya sé quién es usted a través de su Arlt". 
Es decir, que supone que yo no soy Roberto Arlt. Cosa que me está alarmando, o haciendo pensar en la necesidad de buscar un pseudónimo, pues ya el otro día recibí una carta de un lector de Martínez, que me preguntaba: 
"Dígame, ¿usted no es el señor Roberto Giusti, el concejal del Partido Socialista Independiente?" 
Ahora bien, con el debido respeto por el concejal independiente, manifiesto que no; que yo no soy ni puedo ser Roberto Giusti, a lo más soy su tocayo, y más aún: si yo fuera concejal de un partido, de ningún modo escribiría notas, sino que me dedicaría a dormir truculentas siestas y a "acomodarme" con todos los que tuvieran necesidad de un voto para hacer aprobar una ordenanza que les diera millones. 
Y otras personas también ya me han preguntado: "¿Dígame, ese Arlt no es pseudónimo?". 
Y ustedes comprenden que no es cosa agradable andar demostrándole a la gente que una vocal y tres consonantes pueden ser un apellido. 
Yo no tengo la culpa que un señor ancestral, nacido vaya a saber en qué remota aldea de Germanía o Prusia, se llamara Arlt. No, yo no tengo la culpa. 
Tampoco puedo argüir que soy pariente de William Hart, como me preguntaba una lectora que le daba por la fotogenia y sus astros; mas tampoco me agrada que le pongan sambenitos a mi apellido, y le anden buscando tres pies. ¿No es, acaso, un apellido elegante, sustancioso, digno de un conde o de un barón? ¿No es un apellido digno de figurar en chapita de bronce en una locomotora o en una de esas máquinas raras, que ostentan el agregado de "Máquina polifacética de Arlt"? 
Bien: me agradaría a mí llamarme Ramón González o Justo Pérez. Nadie dudaría, entonces, de mi origen humano. Y no me preguntarían si soy Roberto Giusti, o ninguna lectora me escribiría, con mefistofélica sonrisa de máquina de escribir: "Ya sé quién es usted a través de su Arlt". Ya en la escuela, donde para dicha mía me expulsaban a cada momento, mi apellido comenzaba por darle dolor de cabeza a las directoras y maestras. Cuando mi madre me llevaba a inscribir a un grado, la directora, torciendo la nariz, levantaba la cabeza, y decía: 
-¿Cómo se escribe "eso"? 
Mi madre, sin indignarse, volvía a dictar mi apellido. Entonces la directora, humanizándose, pues se encontraba ante un enigma, exclamaba: 
-¡Qué apellido más raro! ¿De qué país es? 
-Alemán. 
-¡Ah! Muy bien, muy bien. Yo soy gran admiradora del kaiser -agregaba la señorita. (¿Por qué todas las directoras serán "señoritas"?) En el grado comenzaba nuevamente el vía crucis. El maestro, examinándome, de mal talante, al llegar en la lista a mi nombre, decía: -Oiga usted, ¿cómo se pronuncia "eso"? ("Eso" era mi apellido.) Entonces, satisfecho de ponerlo en un apuro al pedagogo, le dictaba: 
-Arlt, cargando la voz en la ele. 
Y mi apellido, una vez aprendido, tuvo la virtud de quedarse en la memoria de todos los que lo pronunciaron, porque no ocurría barbaridad en el grado que inmediatamente no dijera el maestro: 
-Debe ser Arlt. 
Como ven ustedes, le había gustado el apellido y su musicalidad. 
Y a consecuencia de la musicalidad y poesía de mi apellido, me echaban de los grados con una frecuencia alarmante. Y si mi madre iba a reclamar, antes de hablar, el director le decía: 
-Usted es la madre de Arlt. No; no señora. Su chico es insoportable. 
Y yo no era insoportable. Lo juro. El insoportable era el apellido. Y a consecuencia de él, mi progenitor me zurró numerosas veces la badana. 
Está escrito en la Cábala: "Tanto es arriba como abajo". Y yo creo que los cabalistas tuvieron razón. Tanto es antes como ahora. Y los líos que suscitaba mi apellido, cuando yo era un párvulo angelical, se producen ahora que tengo barbas y "veintiocho septiembres", como dice la que sabe quién soy yo "a través de su Arlt". 
Y a mí, me revienta esto. 
Me revienta porque tengo el mal gusto de estar encantadísimo con ser Roberto Arlt. Cierto es que preferiría llamarme Pierpont Morgan o Henry Ford o Edison o cualquier otro "eso", de esos; pero en la material imposibilidad de transformarme a mi gusto, opto por acostumbrarme a mi apellido y cavilar, a veces, quién fue el primer Arlt de una aldea de Germanía o de Prusia, y me digo: ¡Qué barbaridad habrá hecho ese antepasado ancestral para que lo llamaran Arlt! O, ¿quién fue el ciudadano, burgomaestre, alcalde o portaestandarte de una corporación burguesa, que se le ocurrió designarlo con estas inexpresivas cuatro letras a un señor que debía gastar barbas hasta la cintura y un rostro surcado de arrugas gruesas como culebras? 
Mas en la imposibilidad de aclarar estos misterios, he acabado por resignarme y aceptar que yo soy Arlt, de aquí hasta que me muera; cosa desagradable, pero irremediable. Y siendo Arlt no puedo ser Roberto Giusti, como me preguntaba un lector de Martínez, ni tampoco un anciano, como supone la simpática lectora que a los veinte años conoció a mis padres, cuando yo "era muy pibe". Esto me tienta a decirle: "Dios le dé cien años más, señora; pero yo no soy el que usted supone". 
En cuanto a llamarme así, insisto: Yo no tengo la culpa.

viernes, 29 de mayo de 2015

Entre dos copas

Fray Mocho

-¿Y me van a mandar nada más que por ebrieda?... ¡Bueno!... ¡Perfectamente! ¡No m'importa!... Yo no soy el primer criollo que se mama el veinticinco y tampoco'é ser el último, y no tengo vergüenza de haber solenisao el día de la patria, no, señor, no la tengo... porque gracia's'a Dios no soy hijo e gringo y me acuerdo de qu'esta tierra es mía... -Mirá, che, bajá la prima... y si no es otra cosa lo que tenés que decir, podés ir aprontando -tu linyera ... ¡Estás despachao! -¿Despachao?... ¡Perfectamente!... ¡Para esto tenemos patria, caray!... Pa que uno no pueda ni festejar los aniversarios gloriosos sin permiso'e la autoridá... Había e bajar San Martín a ver lo qu'es-tán haciendo... ¡Juna perra!... ¡Le quisiera ver la cara al viejo cuando dentrase a una comisaría (como yo aura, pinto el caso) y se topara con que ya ni siquiera se respeta al nieto e su asistente Martínez!... -¡Loco lindo!... ¡Así me gusta un criollo... que muera borracho pero cantando el Himno Nacional!... ¿Sabés qu'estoy por largarte? ¿Largarte?... ¿No ve?... ¡En esa costumbre'e tutiar a cualisquiera por desconocido que sea, s'está viendo que ust'es de casta estranjera!... P'cha qu'cs confianzudo el gringo y entonao, másime si tiene mando, ¿no?... ¡Mire!... ¡Aquí a'nde me ve a mí, así, medio mal perjeñao y hasta tirando p'al Veint'cuatro'e Noviembre por haber solenisao la fiesta'el veinticinco en mi patria, siendo como soy decendiente'e prócer... sépase que lo h'echo con la plata'e don Bartolo y que cuando él nos la dio pa que tomáramos una copa era porque quería que los de La Diana'e la Patria l'hiciéramos un honor a la bandera!... ¿A que usté, con ser quien es y hasta tutiarlo a Roca-"' si se le pone a tiro, no ha tenido nunca semejante voz de mando ni lo han obedecido con mayor satisfacción?... ¡Convénzase, señor, pa mandar como se debe... Don Bartolo! -¿Sabés, che, qu'en medio e'tus locuras te dejás cair despacito pero con cierta elegancia y que m'estás interesando?... ¿Y qué es eso La Diana'e la Patria? -¿Qué no sabe?... ¡Es una sociedá que tenemos pa saludar a los patriotas de la sección! ¡Si hemos andao toda la mañana meniandolé al tambor y a los clarines!... Somos tres... Peraira, que cuenta cuentos pa los fonógrafos y se queda ronco de hablar sobre unos cilindros , imitando a Juan Moraira, el ñato Gutiérrez, más conocido que la ruda, y yo, qu'he sido tambor del tres... Hoy, conforme aclaró, nos metimos en la casa'e don Bartolo y Fechamos un redoble qu'era como pa bailarlo, y áhi nomás ya salió uno de adentro y alcanzándonos un diez nos dijo qu'el General nos lo mandaba pa la copa... ¡a la cuenta tomandonós por veteranos!... Como pa que no l'olvidemos. De orgullo y de satisfacción me pasé de pato a ganso. ¡Y aura tengo que pagarla! -Pero para vos, che, todo el año es fiesta patria... ¿Sabés cuántas entradas tenés?. .. -¿Y usté sabe, señor... cuántos días gloriosos tenemos los argentinos?... ¿Ignora la historia d'esta patria?... ¡Hay que cumplir con los mártires, y el entusiasmo arrastra, señor! Yo he sido empliao como guardián en 'el Museo Histórico, ¿sabe?... ¿Allí en Lezama?... ¡Bueno!... ¡En ese oficio adquirí este vicio'e los festejos -a los que murieron por nosotros, y ya ve ande me lleva la historia! 
1-6-1901

jueves, 28 de mayo de 2015

En la sangre / 1887

Eugenio Cambaceres (1843-1888) 

Fuente: Primera edición, Buenos Aires Imprenta Sud América, 1887. 

Capítulo I

De cabeza grande, de facciones chatas, ganchuda la nariz, saliente el labio inferior, en la expresión aviesa de sus ojos chicos y sumidos, una rapacidad de buitre se acusaba. 
Llevaba un traje raído de pana gris, un sombrero redondo de alas anchas, un aro de oro en la oreja; la doble suela claveteada de sus zapatos marcaba el ritmo de su andar pesado y trabajoso sobre las piedras desiguales de la calle. 
De vez en cuando, lentamente paseaba la mirada en torno suyo, daba un golpe -uno solo- al llamador de alguna puerta y, encorvado bajo el peso de la carga que soportaban sus hombros: "tachero"... gritaba con voz gangosa, "componi calderi, tachi, siñora?". 
Un momento, alargando el cuello, hundía la vista en el zaguán. Continuaba luego su camino entre ruidos de latón y fierro viejo. Había en su paso una resignación de buey. 
Alguna mulata zarrapastrosa, desgreñada, solía asomar; lo chistaba, regateaba, porfiaba, "alegaba",acababa por ajustarse con él. 
Poco a poco, en su lucha tenaz y paciente por vivir, llegó así hasta el extremo Sud de la ciudad, penetró a una casa de la calle San Juan entre Bolívar y Defensa. 
Dos hileras de cuartos de pared de tabla y techo de zinc, semejantes a los nichos de algún inmenso palomar, bordeaban el patio angosto y largo. 
Acá y allá entre las basuras del suelo, inmundo, ardía el fuego de un brasero, humeaba una olla, chirriaba la grasa de una sartén, mientras bajo el ambiente abrasador de un sol de enero, numerosos grupos de vecinos se formaban, alegres, chacotones los hombres, las mujeres azoradas, cuchicheando. 
Algo insólito, anormal, parecía alterar la calma, la tranquila animalidad de aquel humano hacinamiento. 
Sin reparar en los otros, sin hacer alto en nada por su parte, el italiano cabizbajo se dirigía hacia el fondo, cuando una voz interpelándolo: 
-Va a encontrarse con novedades en su casa, don Esteban. 
-¿Cosa dice? 
-Su esposa está algo indispuesta. 
Limitándose a alzarse de hombros él, con toda calma siguió andando, caminó hasta dar con la hoja entornada de una puerta, la penúltima a la izquierda. 
Un grito salió, se oyó, repercutió seguido de otros atroces, desgarradores al abrirla. 
-¿Sta inferma vos? -hizo el tachero avanzando hacia la única cama de la pieza, donde una mujer gemía arqueada de dolor: 
-¡Madonna, Madonna Santa...! -atinaba tan sólo a repetir ella, mientras gruesa, madura, majestuosa, un velo negro de encaje en la cabeza, un prendedor enorme en el cuello y aros y cadena y anillos de doublé, muchos en los dedos, hallábase de pie junto al catre la partera. 
Se había inclinado, se había arremangado un brazo, el derecho, hasta el codo; manteníalo introducido entre las sábanas; como quien reza letanías, prodigaba palabras de consuelo a la paciente, maternalmente la exhortaba: "¡Coraque Duña María, ya viene lanquelito, é lúrtimo... coraque!..." 
Mudo y como ajeno al cuadro que presenciaban sus ojos, dejóse estar el hombre, inmóvil un instante. 
Luego, arrugando el entrecejo y barbotando una blasfemia, volvió la espalda, echó mano de una caja de herramientas, alzó un banco y, sentado junto a la puerta, afuera, púsose a trabajar tranquilamente, dio comienzo a cambiar el fondo roto de un balde. 
Sofocados por el choque incesante del martillo, los ayes de la parturienta se sucedían, sin embargo, más frecuentes, más terribles cada vez. 
Como un eco perdido, alcanzábase a percibir la voz de la partera infundiéndole valor: 
E lúrtimo... coraque!... 
La animación crecía en los grupos de inquilinos; las mujeres, alborotadas, se indignaban; entre ternos y groseras risotadas, estallaban los comentarios soeces de los hombres. 
El tachero entretanto, imperturbable, seguía golpeando. 

Juvenilia / 1884

Miguel Cané (1851-1905) 
Fuente: Segunda edición, Buenos Aires, 1901. 

I

Debía entrar en el Colegio Nacional tres meses después de la muerte de mi padre; la tristeza del hogar, el espectáculo constante del duelo, el llanto silencioso de mi madre, me hicieron desear abreviar el plazo, y yo mismo pedí ingresar tan pronto como se celebraran las funerales. 
El Colegio Nacional acababa de fundarse sobre el antiguo Seminario, con una nueva organización de estudios, en la que el doctor Eduardo Costa, ministro entonces de Instrucción Pública, bajo la presidencia del general Mitre, había tomado una parte inteligente y activa. Sin embargo, el establecimiento, que quedaba bajo la dirección del doctor Agüero, se resentía aún de las trabas de la enseñanza escolástica, y sólo fue más tarde, cuando M. Jacques se puso a su frente, que alcanzó el desenvolvimiento y el espíritu liberal que habían concebido el Congreso y el Poder Ejecutivo. 
Me invade en este momento el recuerdo fresco y vivo de los primeros días pasados entre los obscuros y helados claustros del antiguo convento. No conocía a nadie, y notaba en mis compañeros, aguerridos ya a la vida de reclusión, el sordo antagonismo contra el nuevo , la observación constante de que era objeto, y me parecía sentir fraguarse contra mi triste individuo los mil complots que, entre nosotros, por el suave genio de la raza, sólo se traducen en bromas más o menos pesadas, pero que en los seculares colegios de Oxford y de Cambridge alcanzan a brutalidades inauditas, a vejámenes, a servidumbres y martirios. Me habría encontrado, no obstante, muy feliz con mi suerte, si hubiera conocido entonces elTom Jones , de Fielding. 
Silencioso y triste, me ocultaba en los rincones para llorar a solas, recordando el hogar, el cariño de mi madre, mi independencia, la buena comida y el dulce sueño de la mañana. 
Durante los cinco años que pasé en esa prisión, aun después de haber hecho allí mi nido y haberme connaturalizado con la monotonía de aquella vida, sólo dos puntos negros persistieron para mí: el despertar y la comida. A las cinco en verano, a las seis en invierno, infalible, fatal, como la marcha de un astro, la maldita campana empezaba a sonar. Era necesario dejar la cama, tiritando de frío casi siempre, soñolientos, irascibles, para ir a formarnos en fila en un claustro largo y glacial. Allí rezábamos un Padre Nuestro para pasar en seguida al claustro de los lavatorios. 
¡Cuántas conspiraciones, cuántas tramas, qué gasto de ingenio y fuerza hicimos para luchar contra la fatalidad, encarnada a nuestros ojos en el portero, colgado de la cuerda maldecida! Aquella cuerda tenía más nudos que la que en el gimnasio empleábamos para trepar a pulso. La cortábamos a veces hasta la raíz del pelo, como decíamos, junto al badajo, encaramándonos hasta la campana, con ayuda de la parra y las rejas, a riesgo de matarnos de un golpe. Muy a menudo la expectativa nos hacía despertar en la mañana antes de la hora reglamentaria. De pronto oíamos la campana de mano, áspera, estridente, manejada con violencia por el brazo irritado del portero, eterno préposé a las composturas de la cuerda. Se vengaba entrando a todos los dormitorios, y sacudiendo su infernal instrumento en los oídos de sus enemigos personales, entre los cuales tenía el honor de contarme. 
Atrasar el reloj era inútil por dos razones tristemente conocidas: la primera, la proximidad del Cabildo, que escapaba a nuestra influencia; la segunda, el tachómetro de plata del portero, que, bien remontado, velaba fielmente bajo su almohada. Algunas noches de invierno, la desesperación nos volvía feroces, y el ilustre cerbero amanecía no solo maniatado, sino un tanto rojiza la faz, a causa de la dificultad para respirar a través de un aparato, rigurosamente aplicado sobre la boca, y cuya construcción, bajo el nombre de Pera de angustia , nos había enseñado Alejandro Dumas en susVeinte años después , al narrar la evasión del duque de Beaufort del castillo de Vincennes. Todo era efímero, todo inútil, hasta que estuve a punto de inmortalizarme, descubriendo un aparato sencillo, pero cuyo éxito, si bien pasajero, respondió a mis esperanzas. En una escapada, vi una carreta de bueyes que entraba al mercado; debajo del eje colgaba un cuero, como una bolsa ahuecada, amarrado de las cuatro puntas; dentro dormía un niño. Fue para mí un rayo de luz, la manzana de Newton, la lámpara de Galileo, la marmita de Papín, la rana de Volta, la tabla de Rosette de Champollion, la hoja enroscada de Calímaco. El problema estaba resuelto; esa misma noche tomé el más fuerte de mis cobertores, una de esas pesadas cobijas tucumanas que sofocan sin abrigar; la amarré debajo de mi cama, de las cuatro puntas, y cubriendo el artificio con los anchos pliegues de mi colcha, esperé la mañana. Así que sonó la campana, me sumergí en la profundidad, y allí, acurrucado, inmóvil e incómodo, desafié impunemente la visita del celador que, viendo mi lecho vacío, siguió adelante. Me preguntaréis quizá qué beneficio positivo reportaba, puesto que, de todas maneras, tenía que despertarme. Respondo con lástima que el que tal pregunta hiciera, ignoraría estos dos supremos placeres de todos los tiempos y todas las edades: el amodorramiento matinal y la contravención. 
Mi invención cundió rápidamente, y al quinto día, al primer toque, las camas quedaron todas vacías. El celador entró: vio el cuadro, quedó inmóvil, llevó un dedo a la sien, y después de cinco minutos de grave meditación, se dirigió a una cama, alzó la colcha y sonrió con ferocidad. 

jueves, 21 de mayo de 2015

25 de mayo de 1810 - Revolución de Mayo


Autor: Pigna, Felipe, Los Mitos de la Historia Argentina, Buenos Aires, Norma. 2004

El 25 de mayo, reunido en la Plaza de la Victoria, actual Plaza de Mayo, el pueblo de Buenos Aires finalmente impuso su voluntad al Cabildo creando la Junta Provisoria Gubernativa del Río de la Plata integrada por: Cornelio Saavedra, presidente; Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Domingo Matheu, Juan Larrea, vocales; y Juan José Paso y Mariano Moreno, secretarios. Quedó así formado el primer gobierno patrio, que no tardó en desconocer la autoridad del Consejo de Regencia español.

lunes, 18 de mayo de 2015

¿Por qué se celebra hoy el día de la Escarapela?


18/05/15 - 10:08hs

El 18 de mayo fue instituido por el Consejo Nacional de Educación en 1935, pero la historia se remonta a principios de siglo XIX. El 13 de febrero de 1812, Manuel Belgrano, mediante una nota, solicitó al Triunvirato que se fije el uso de la escarapela nacional.

jueves, 14 de mayo de 2015

Versos Sencillos

I

YO SOY UN HOMBRE SINCERO...

Yo soy un hombre sincero
De donde crece la palma,
Y antes de morirme quiero
Echar mis versos del alma.

Yo vengo de todas partes,
Y hacia todas partes voy:
Arte soy entre las artes,
En los montes, monte soy.

Yo sé los nombres extraños
De las yerbas y las flores,
Y de mortales engaños,
Y de sublimes dolores.

Yo he visto en la noche oscura
Llover sobre mi cabeza
Los rayos de lumbre pura
De la divina belleza.

Alas nacer vi en los hombros
De las mujeres hermosas:
Y salir de los escombros,
Volando las mariposas.

He visto vivir a un hombre
Con el puñal al costado,
Sin decir jamás el nombre
De aquella que lo ha matado.

Rápida, como un reflejo,
Dos veces vi el alma, dos:
Cuando murió el pobre viejo(*),
Cuando ella me dijo adiós(**).

Temblé una vez —en la reja,
A la entrada de la viña,—
Cuando la bárbara abeja
Picó en la frente a mi niña.

Gocé una vez, de tal suerte
Que gocé cual nunca:—cuando
La sentencia de mi muerte
Leyó el alcalde llorando.

Oigo un suspiro, a través
De las tierras y la mar,
Y no es un suspiro,—es
Que mi hijo va a despertar.

Si dicen que del joyero
Tome la joya mejor,
Tomo a un amigo sincero
Y pongo a un lado el amor.

Yo he visto al águila herida
Volar al azul sereno,
Y morir en su guarida
La vibora del veneno.

Yo sé bien que cuando el mundo
Cede, lívido, al descanso,
Sobre el silencio profundo
Murmura el arroyo manso.

Yo he puesto la mano osada,
De horror y júbilo yerta,
Sobre la estrella apagada
Que cayó frente a mi puerta.

Oculto en mi pecho bravo
La pena que me lo hiere:
El hijo de un pueblo esclavo
Vive por él, calla y muere.

Todo es hermoso y constante,
Todo es música y razón,
Y todo, como el diamante,
Antes que luz es carbón.

Yo sé que el necio se entierra
Con gran lujo y con gran llanto.
Y que no hay fruta en la tierra
Como la del camposanto.

Callo, y entiendo, y me quito
La pompa del rimador:
Cuelgo de un árbol marchito
Mi muceta de doctor.

(*) El padre de Martí quien murió el 9 de marzo de 1887, en Cuba.
(**) Se refiere a la despedida de María Cristina Granados, "La niña de Guatemala".


José Julián Martí Pérez (La Habana, 28 de enero de 1853 – Dos Ríos, 19 de mayo de 1895) fue un político republicano democrático, pensador,escritor, periodista, filósofo y poeta cubano, creador del Partido Revolucionario Cubano y organizador de la Guerra del 95 o Guerra Necesaria. Perteneció al movimiento literario del modernismo.

lunes, 11 de mayo de 2015

Homenaje a Marco Denevi


Cuándo: jueves 14 de mayo, a las 19:00.
Dónde: Sala Juan L. Ortiz, Biblioteca Nacional, Agüero 2502, Buenos Aires.

viernes, 24 de abril de 2015

Centenario del Genocidio Armenio


Las atrocidades cometidas contra el pueblo Armenio por el Imperio Otomano y el Estado de Turquía durante el transcurso de la Primera Guerra Mundial y años anteriores y posteriores a ésta, son llamadas en su conjunto el Genocidio Armenio. El Genocidio es una forma organizada de matanza de un conjunto de personas con el objetivo explicito de ponerle fin a su existencia colectiva. Esto requiere un planeamiento central y una maquinaria organizada para implementarlo haciendo que el genocidio sea un prototipo de crimen de estado, ya que solo un estado cuenta con los recursos necesarios para llevar a cabo tal destrucción. El Genocidio Armenio fue planeado y administrado centralmente por el Estado de Turquía contra toda la población Armenia del Imperio Otomano. Fue llevado a cabo durante la Primera Guerra Mundial entre los años 1915 y 1918. El pueblo Armenio fue sujeto a deportaciones, expropiaciones, secuestros, tortura, masacre e inanición. La gran mayoría de la población Armenia fue forzosamente removida desde Armenia y Anatolia a Siria, donde una gran parte de la población fue enviada al desierto para morir de hambre y sed. Gran número de Armenios fueron masacrados metódicamente a lo ancho y largo del Imperio Otomano. Mujeres y niños fueron raptados y brutalmente abusados. Toda la riqueza del pueblo Armenio fue expropiada. Después de menos de un año de calma al final de la Primera Guerra Mundial, las atrocidades contra el pueblo Armenio fueron reanudadas entre 1920 y 1923, donde los restantes armenios fueron victimas de más masacres y expulsiones. En 1915, treinta años antes de que la Organización de las Naciones Unidas adoptase la Convención sobre la Prevención y Castigo de los Crímenes de Genocidio, la comunidad internacional condenaba el Genocidio Armenio como un crimen contra la humanidad.

jueves, 16 de abril de 2015

Día del Holocausto


Hoy se conmemora un nuevo aniversario, Yon Hashoah, (Día del Holocausto). Parece ser que el mes de Abril esta signado por estos hechos ya que también el 24 se conmemorará otro aniversario del Holocausto Armenio. La barbarie y la guerra son una mala costubre humana que perdura a lo largo de la historia, parece ser que aprendemos poco y repetimos mucho. Mi recuerdo para los 6.000.000 de judios que murieron asesinados por el nazismo, y a la memoria de mi padre que lucho contra ellos.

Día Internacional contra la Esclavitud Infantil



Más de nueve millones de niños, niñas y adolescentes de todo el mundo viven con su infancia rota porque están sometidos a alguna forma de esclavitud contemporánea, al ser obligados a trabajar, explotados sexualmente, al ser víctimas de trata o convertirse en niñ@s soldado.

martes, 7 de abril de 2015

POR QUE CHOCAR LOS HUEVOS ROJOS EN PASCUA ?


Según la tradición griega antigua, los huevos de Pascua se tiñen de color rojo. El color rojo representa la sangre de Jesucristo, cuya resurrección se celebra el día de fiesta de las vacaciones en todo el mundo griego. El huevo en sí mismo representa la tumba sellada de Jesús de la que surgió después de su crucifixión.
Según la tradición, el Jueves Santo es el día en que los griegos han de teñir sus huevos y rojo ha sido el color tradicional. En el mundo occidental, e incluso en Grecia, la tradición ha comenzado a desvanecerse y los colores brillantes, patrones, pegatinas se utilizan para decorar los huevos de Pascua. El juego de choque- o "tsougrisma" como los griegos llaman, simboliza la ruptura (apertura de la tumba y la resurrección de Jesucristo de entre los muertos). La costumbre se lleva a cabo después de la Resurrección (el sábado de Pascua a la medianoche o al día siguiente durante las fiestas de Semana Santa). Dos personas que compiten en un juego por la celebración, toman sus respectivos huevos en su mano y chocan los mismos. El objetivo es romper el huevo de otro jugador. El ganador, a continuación, utiliza el mismo extremo del huevo para aprovechar el otro extremo, no agrietado de huevo rival. El "ganador" es quien cuyo huevo agrieta los huevos de todos los otros jugadores. 

sábado, 4 de abril de 2015

Posibles orígenes de huevos, conejos y pescados de Pascuas

En la prehistoria representarían provisiones y supervivencia:


Se piensa que el origen de la tradición de comer huevos al finalizar el invierno vendría de la Edad de Hielo en el Hemisferio Norte, tras el duro invierno, cuando apenas quedaban provisiones. Con la llegada de la primavera volvían las aves desde el sur y empezaban a poner huevos, quealimentaban provisoriamente a los seres humanos hasta que podían volver a cazar con la llegada de mejores temperaturas.
En el judaísmo representaría la continuidad del ciclo de la vida:
El huevo de Pascua no aparece como un símbolo dentro de la costumbre judía. Sin embargo, existe el simbolismo de utilizar un huevo decorado dentro del plato (Keará) que se prepara durante el Séder de Pésaj, como una representación de la continuidad del ciclo de la vida (por su forma redondeada).
Otro significado que se le otorga al huevo durante el Séder de Pesaj es el del endurecimiento del corazón de faraón Ramses II, que no permitía salir al pueblo hebreo de Egipto.
Un tercer significado que se le atribuye al simbolismo del huevo es el fortalecimiento que presentó el pueblo judío al lograr salir de Egipto durante el Éxodo.
En el paganismo, en la Antigua Babilonia: En búsqueda el pez que contiene el órgano generador de la vida.
El huevo de Pascua, como tal tendría su origen en el paganismo en la Antigua Babiloniay empezaría cuando Tamuz el hijo de Nimrod es asesinado y su cuerpo es descuartizado y regado por todas partes. Nimrod ya había muerto y sólo vivía la madre llamada Semiramis que cuando enviuda se casa con su hijo Tamuz. Cuando se entera que éste ha muerto descuartizado y sus partes regadas por todo el reino manda a levantar todas las partes del cuerpo y las remienda para darle forma y vida al cuerpo mediante el acto sexual, pero se entera que le falta una parte sin la cual no puede tener relaciones; después de investigar, le dicen que esa parte fue arrojada al río y manda a juntar todos los peces para así encontrar en la panza de alguno la parte faltante de Tamuz. Finalmente la encuentra en un pez y es por eso, siguiendo esta tradición la gente en el paganismo come solamente pescado durante la pascua porque la parte que el pez se comió era el órgano reproductor masculino utilizado para engendrar la vida.
A esta tradición se la conoce como la endecha o el Luto a Tamuz y nada tiene que ver con el Cristianismo ni el Judaísmo todo esto tiene sus raíces en la antigua Babilonia por eso se la condena en la Biblia diciendo que ha dado a beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación. Apocalipsis 18:3 de modo que el pez que muchos dicen que es cristiano no lo es. También los huevos de pascua encuentran ahí su significado, cuando salen a buscar los huevos de pascua estarían buscando aquella parte que se le perdió a Tamuz.

El conejo como símbolo de fertilidad:

Los huevos no son de conejo dado que éstos no se reproducen así, pero son símbolo de fertilidad en el mundo pagano; inclusive la revista Playboy usa un conejo como símbolo, y que tendría que ver con la religión babilónica iniciada muchos siglos antes de la muerte de Jesucristo.
El comer pescado, huevos, y conejos no corresponderían al cristianismo aunque algunos han mezclado lo santo con lo profano. Por eso Dios llama a los cristianos a salir de babilonia. Apocalipsis 18:4
En el cristianismo simbolizarían la persecución de Jesús por parte de Herodes y la intervención de Dios para evitar ser encontrados. 
El intercambio de huevos de Pascua de chocolate es muy extendido en Polonia, Alemania, República Checa, Eslovaquia, Italia, Francia, Estados Unidos, Norte de México, Argentina, Brasil, Uruguay, Perú, Chile y Paraguay.
El hecho de asociar el huevo con la fertilidad y por coincidir la Pascua con la estación primaveral, estación fértil por excelencia en el hemisferio norte, hace que haya quedado establecido en toda Europa como símbolo de la Pascua. De modo que muy pronto los pasteleros comenzaron a elaborarlos utilizando distintos ingredientes como el azúcar y luego el chocolate.
En la Edad Media, el intercambio se hacía con huevos de tortuga a los que se trataba la cáscara mediante diferentes procesos para decorarla. Muchas veces eran verdaderas obras de arte.
La costumbre del conejo de Pascua, que consiste en esconder huevos pintados en las nubes para que los niños no los encuentren y para la alegría y regocijo de los niños que los encuentran, se sigue manteniendo en muchos países. Simbolizaría la persecución de Jesús por parte de Herodes y la intervención de Dios para evitar ser encontrados. 
Curiosamente, en los jardines de la Casa Blanca el día de Pascua se desarrolla una singular carrera de chicos que hacen rodar los huevos. Gana quien llegue más lejos y sin romperlos..
En Medio Oriente todavía se sigue intercambiando huevos carmesí, para recordar la sangre de Cristo y en Polonia y Ucrania hacen verdaderas obras de arte con cera fundida sobre su cáscara.

Origen de la decoración del huevo de Pascua: Astarté diosa pagana habría nacido de un huevo.

El Origen remoto de la Pascua viene de la Diosa mesopotámica Ishtar (Astarté, Asera, Astaroth, Inanna) que significa también Ester. Adorada por los babilonios, asirios, fenicios, cananeos e incluso los hebreos. Según el mito antiguo, esta deidad nace de un huevo y le robó los secretos de la vida al dios Enki para dárselo a los humanos. Para representarla se usaban conejos como símbolos de fertilidad, amor y vida, y esa tradición aún continúa junto con la del huevo pintado de colores vivos. También es por eso que en inglés Pascuas aún se nombra Easter y en alemán Oestern.

Entre los etruscos: El Huevo de Pascua como contra hechizo.

Aparece en la jarra de vino etrusca de Tragliatella (aproximadamente 700 a. C.), en el que aparecen el rey sagrado y su sucesor escapando de un laberinto. El otro lado de este jarrón ilustra un desfile a pie en la dirección del Sol, encabezada por el rey sagrado desarmado. Siete hombres le escoltan y cada uno de ellos lleva tres jabalinas y un gran escudo con el dibujo de un jabalí, y el sucesor armado con una lanza va a la retaguardia. El jabalí sería la insignia familiar del rey sucesor, y los siete hombres representarían los siete meses gobernados por el sucesor, que caen entre la cosecha de manzanas y las fiestas de la fertilidad.
La escena tiene lugar el día de la muerte ritual del rey, y la diosa Luna (en este caso Pasífae) ha salido a su encuentro (una terrible figura con túnica y con un amenazante brazo en jarras, mientras que con el otro brazo extendido le ofrece una manzana, que es su pasaporte para el Paraíso); las tres jabalinas que lleva cada hombre significan la muerte.
Sin embargo, el rey es acompañado por una pequeña figura femenina con túnica como la otra; quizá sea la princesa Ariadna (que ayudó al héroe Teseo a salir del laberinto mortal en Cnosos). El rey muestra, como un contra hechizo de la manzana de Pasifae, un huevo de Pascua de la resurrección. La Pascua era la estación en que se realizaban las danzas «Ciudad de Troya» en los laberintos hechos sobre el césped también adoptados en Gran Bretaña prehistórica y en Etruria.
En el frente de la jarra hay un dibujo laberíntico que se encuentra no sólo en ciertas monedas de Cnosos, sino también en los intrincados dibujos hechos en el césped y que hasta el siglo XIX pisaban los escolares británicos en la Pascua de Resurrección.
Un huevo sagrado etrusco de traquita negra pulimentada, encontrado en Perusa (Italia), con una flecha en relieve a su alrededor, es este mismo huevo sagrado.
Entre los siglos IX y XVIII, la Iglesia prohibió el consumo de huevos durante la cuaresma por considerarlo equivalente a la carne, y por ello la gente los cocía y los pintaba para diferenciarlos de los frescos y poder consumirlos el día de Pascua de Resurrección. Con el tiempo, estas tradiciones se incorporaron a la festividad de Pascua de Resurrección y hoy en día el huevo de Pascua es un símbolo universal. Para muchos, el huevo se asemeja a la resurrección como un símbolo de vida nueva.

Huevo de Pascua de chocolate decorado:

En la actualidad, la tradición continúa con algunas variaciones. En Europa se mantiene la costumbre que data desde la Edad Media de adornar huevos con tinturas y pintados. Aunque parece que la práctica de huevos ornamentales era principalmente elaborada por clases altas o de recursos; luego se hicieron decoraciones más sencillas con el empleo de hojas de árbol para crear patrones sobre el cascarón. El comercio y la modernidad por su parte se ha encargado de incorporar los huevos de chocolate, y los huevos de plástico para ser rellenados de dulces, y que según la leyenda son escondidos por el conejo de Pascua para que los niños los busquen, los encuentren y se los coman. En Argentina, Chile y Uruguay, se conserva la tradición de regalar huevos de Pascua decorados artesanalmente con glasé multicolor o bien en chocolate. Mientras, en el norte de México huevos rellenados de confeti, conocidos como cascarones, son decorados y cubiertos con papel.

AnaNeve...